miércoles, 4 de enero de 2017

GIROLAMO SAVONAROLA...LA HOGUERA DE LAS VANIDADES


Curiosa historia la de las hogueras de Girolamo Savonarola, vehemente sacerdote de la orden dominica que enfervorizaba a las masas en sus discursos en la Florencia del siglo XV, en pleno Renacimiento. Tras cultivarse en su juventud y dejar inacabados estudios de medicina decidió estudiar teología. Con el tiempo, ingresó en la orden de los dominicos donde pasó por diversos conventos hasta ser nombrado Prior de San Marcos, en Florencia. Es ahí donde empieza nuestra historia.
Cilicios de la edad media

Savonarola era un hombre de firmes convicciones, hacía voto de pobreza, realizaba comidas frugales, se flagelaba con un cilicio y, por supuesto, llevaba una vida dura y sin comodidades. Seguidor de los preceptos de San Domingo de Guzmán y su orden mendicante, los dominicos, pronunciaba discursos terribles arremetiendo contra lo que él estimaba como pecados de aquella ciudad tan floreciente como su nombre.
Gobernada por la familia Médici (grandes mecenas de la época), Florencia, una de las ciudades más impregnadas de Renacimiento, era un lugar donde  los adinerados compraban obras de arte y organizaban fastuosas fiestas, un lugar donde existían la corrupción, las orgías, el lujo. Se estimulaba la creación de obras de arte basadas en los cánones griegos. Todo esto le parecía a Savonarola repudiable y pecaminoso y así lo hacía saber en aquellos discursos febriles, amenazaba al pueblo, a los Médici, a todos, del Papa Inocencio VIII dijo que era:
 "El más vergonzoso de toda la historia, con el mayor número de pecados, reencarnación del mismísimo diablo".

La fama de Savonarola fue en aumento. El pueblo, atemorizado y cansado de vivir en la pobreza, asistía a sus discursos y él les daba lo que querían oír ya que criticaba dura y violentamente a los poderosos y sus lujos; exhortaba a las masas a que vivieran lejos de la opulencia y los vicios (se cuenta que algunos incluso se castraron tras oír a Savonarola predicar que abandonaran la sodomía para salvarse del Juicio Final). Si esto fuera poco, parecía el último de los profetas. Acostumbraba a lanzar profecías apocalípticas sobre el futuro de la ciudad y muchas de ellas parecieron cumplirse, numerosas desgracias acaecieron sobre Florencia aquellos días. Entre otras, predijo la llegada de de un nuevo Rey Ciro y el ejército francés entró en la provincia, el populacho asoció ambas ideas. Del mismo modo, hubo una terrible epidemia de sífilis que parecía confirmar los terribles pronósticos del dominico.


Cuando los ejércitos franceses de Carlos VIII entraron en la provincia como primer paso en sus aspiraciones para gobernar Nápoles, estalló la rebelión en Florencia, era noviembre de 1494. Los Médici fueron expulsados de la ciudad poco después debido, en su mayor parte, a los discursos de Savonarola. En uno de estos discursos, el gran artista Miguel Ángel quedó conmocionado preguntándose incluso si la belleza y los cuerpos que esculpía y pintaba era pecaminosos, finalmente, ante la caída de los Médici, Miguel Ángel huyó a Venecia.
La expulsión de los Médici convirtió a Savonarola en el hombre más poderoso de Florencia y en su gobernador, donde instauró un gobierno marcado por sus ideas religiosas y morales. Savonarola estaba convencido de que su camino era el correcto y quiso encauzar el rumbo de la ciudad eliminando de la misma todo lo que la religión consideraba inmoral en aquellos años: el alcohol, la homosexualidad, ropas "indecentes", etc.



El 7 de febrero de 1497 tuvo lugar la primera y más famosa de las hogueras de las vanidades de Savonarola. En ella, bajo el influjo del rabioso monje, las gentes de Florencia quemaron, en la plaza de la Señoría, multitud de objetos valiosos que para Savonarola eran pecaminosos y conducían a la perdición de las almas: libros (entre ellos obras de Bocaccio y Petrarca), objetos de lujo, joyas, vestidos, adornos, sedas, cuadros, etc. Tal era el poder del religioso que el grandísimo pintor Sandro Boticcelli arrojó, por su propia mano, algunas de sus obras a la hoguera.


A lo largo de 1945 Savonarola y el Papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) tuvieron un intercambio epistolar donde el Papa conminaba al fraile a dejar de predicar ya que los ataques contra su persona y familia eran constantes, incluso llegó a ofrecerle un puesto de cardenal. Sin embargo, Savonarola rechazó la oferta e hizo caso omiso hasta que, finalmente, Alejandro VI le prohibió predicar. La relación era muy tensa y Savonarola tenía partidarios que convencieron al Papa para que levantara la prohibición. Sin embargo, aunque lo hizo, también suprimió la Congregación de San Marcos, cosa que dolió profundamente a Savonarola.
En represalia, Girolamo Savonarola pronunció un discurso febril en el que atacó sin ningún pudor al Papa y los escándalos de Roma y la familia Borgia. La suerte estaba echada, el Papa Alejandro VI tomó la medida más dura posible: excomulgó a Savonarola el 13 mayo de 1497 y amenazó al pueblo de Florencia con medidas similares. El monje no se arredró y continuó lanzando sus soflamas desde el púlpito contra el Papa con más virulencia aún por lo que el Papa Alejandro VI ordenó su arresto y ejecución.

Asustado por las amenazas del Papa de prohibirles los sacramentos y los entierros en cementerios bendecidos, el pueblo de Florencia abandonó al monje a su suerte. El rey francés Carlos VIII, partidario de Savonarola, falleció el 7 de abril de 1498 y curiosamente un día más tarde los ejércitos vaticanos entraron en Florencia, que no ofreció resistencia salvo la de los más fieles a Savonarola, incluso la muchedumbre atacó el convento de San Marcos clamando que era un falso profeta. El dominico fue detenido junto a dos amigos fieles de la orden, Fray Domenico de Pescia y Fray Silvestro.
Girolamo Savonarola fue sometido a tortura brutal durante 42 días, momento en el que claudicó y confesó su culpa. Se le acusaba de herejía y rebelión. Sólo le habían dejado un brazo sin torturar para que pudiera firmar la confesión, de la que se arrepintió más tarde. Finalmente, se le condenó a morir ahorcado y a ser quemado públicamente despojado de su hábito.


El 23 de mayo de 1498 Girolamo Savonarola y sus compañeros Fray Silvestro de Pescia y Fray Domenico fueron ahorcados, quemados y despojados de sus ropajes en la misma plaza donde Savonarola había convocado su célebre hoguera de las vanidades. Los cuerpos fueron quemados varias veces para no dejar reliquias a los partidarios del monje y las cenizas se arrojaron al río Arno.
Tras estos terribles sucesos, la familia Médici volvió a controlar y gobernar la ciudad.
http://www.curiosahistoria.com/2012/01/las-hogueras-de-savonarola-1452-1498.html

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