sábado, 25 de julio de 2015

LA FECUNDACIÓN "IN VITRO"....NACIMIENTO DEL PRIMER "BEBÉ PROBETA"




 El ámbito de la Tecnología está comprendido entre la Ciencia y la Técnica propiamente dichas, por tanto el término "tecnológico" equivale a "científico-técnico". El proceso tecnológico da respuesta a las necesidades humanas; para ello, recurre a los conocimientos científicos acumulados con el fin de aplicar los procedimientos técnicos necesarios que conduzcan a las soluciones óptimas.
La Tecnología abarca, pues, tanto el proceso de creación como los resultados. Dependiendo de los campos de conocimiento, existen múltiples ramas o tecnologías: mecánica, materiales, del calor y frío, eléctrica, electrónica, química, bioquímica, nuclear, telecomunicaciones, de la información. 

La definicion"Bebé Probeta" es un término popular que se aplica a los niños nacidos tras la fertilización in vitro utilizando un óvulo procedente de la madre. Tras la fertilización, el cigoto se coloca en el útero materno para que se desarrolle con normalidad. 

 

Fecundación in vitro

La fecundación in vitro (FIV o IVF por sus siglas en inglés) es una técnica por la cual la fecundación de los ovocitos por los espermatozoides se realiza fuera del cuerpo de la madre. La FIV es el principal tratamiento para la esterilidad cuando otros métodos de reproducción asistida no han tenido éxito. El proceso implica el control hormonal del proceso ovulatorio, extrayendo los ovocitos de los ovarios maternos, para permitir que sean fecundados por los espermatozoides en un medio líquido. El ovocito fecundado (el cigoto) se transfiere entonces al útero de la hembra con la intención de iniciar un embarazo. 


Primer Bebé Probeta

Desde el nacimiento de la primera bebé probeta en Inglaterra en 1978, experimentos similares a través de técnicas cada vez más avanzadas en todo el mundo resultaron en otros 29 mil niños concebidos de manera artificial, como parte una "industria" que comienza a ser cada vez más cuestionada por sus protagonistas.
Cuando Louise Brown nació el 25 de julio de 1978 en Oldham, al norte de Inglaterra, con un peso de dos kilos y 61 gramos, ella fue el primer bebé probeta del mundo, el resultado de un procedimiento ahora común llamado fertilización in vitro.
Louise Brown es la primera bebé probeta del mundo y nació como resultado de los experimentos del profesor Robert Edwards y el doctor Patrick Steptoe, los pioneros británicos en la técnica de unir un espermatozoide y un óvulo para obtener un cigoto en el laboratorio e implantarlo en un útero femenino. La técnica, algunos años después, dejaría de emplearse sólo para "ayudar a parejas estériles" para convertirse en un lucrativo negocio cada vez más perfeccionado científicamente.
El anuncio del nacimiento de Louise Brown generó en 1978 toda clase de reacciones, desde las que vaticinaban una nueva era de niños diseñados a la carta y gestados en úteros artificiales como en Un mundo feliz, de Aldous Huxley hasta las que advertían sobre el advenimiento de una generación de “freaks”. Pero las parejas con problemas de infertilidad una de cada siete en todo el mundo muy pronto se volcaron a la reproducción asistida. Y los resultados, aunque no siempre exitosos, les dieron la razón. Las chances de embarazo mediante técnicas de fertilidad son hoy iguales y a veces superiores a las probabilidades de embarazo por el natural método de la cópula, cuya eficacia se ubica entre el 25 y el 30% por cada ciclo menstrual. 


Avances

Mientras en la concepción natural varios cientos de millones de espermatozoides tratan de ingresar a un óvulo y finalmente sólo uno el más apto puede fecundarlo, técnicas como la microinyección de esperma dan a los especialistas la facultad de seleccionar qué espermatozoide determinará los rasgos del bebé.
El desarrollo de esta técnica, que desde 1992 permite la fecundación en un microscopio a través de la inyección directa de un espermatozoide a un óvulo, ha hecho que hoy sea muy fácil obtener embriones con características específicas aunque muchas vidas se pierdan en el camino. Si bien al comienzo los óvulos fecundados eran colocados rápidamente en el útero femenino, la criotecnología ha desarrollado métodos para mantener vivos los embriones congelándolos hasta que alguna pareja decida continuar con su ciclo de vida. Sin embargo, no todo es tan simple, pues muchas veces los embriones no son reclamados por sus "dueños" y éstos deben ser "desechados", es decir muertos.

La reproducción ya no es lo que era

Con Louise Brown, la reproducción humana dejó de ser exclusivamente cuestión de sexo en la cama y deseo de trascendencia. Quizás lo más revolucionario que inauguraron Edwards y Steptoe fue la inclusión de muchos en un proyecto amoroso antes reservado solamente a dos. Hoy no hace falta una relación sexual para concebir.
El imperativo social de tener descendencia y el poderoso deseo individual vuelcan a las parejas a buscar un niño “biológico” a toda costa, aunque a veces no porte el ADN de la madre o del padre, ya que muchos procedimientos se realizan con óvulos donados o espermatozoides de bancos de semen. Pero todo esfuerzo vale la pena, según dicen todas las parejas que sonríen con sus vástagos en brazos.
La fertilización in vitro abrió múltiples puertas. Ya no se trata únicamente de ayudar a las mujeres que, como la madre de Louise Brown, tienen problemas en sus Trompas de Falopio. También se trata de ayudar a las mujeres que deciden tener hijos después de haber logrado una carrera laboral y profesional, cuando su reloj biológico se niega a producir óvulos aptos o cuando pasaron la menopausia. En este sentido, las técnicas de reproducción asistida igualaron la capacidad fértil de hombres y mujeres.
La demanda de reproducción asistida sigue creciendo junto con el número de clínicas dedicadas a este campo. Se estima que unos tres millones de niños nacieron en los últimos 30 años con ayuda de las técnicas de fertilidad asistida.
Además de los bebés de probeta ya nacidos, existen millares de embriones que aguardan, congelados, su destino: ser transferidos al útero de su madre en un futuro; ser donados a parejas que no logran embriones ni con toda la ayuda de la ciencia; ser destinados a la investigación de problemas de infertilidad o utilizados para obtener células madre (stem cells) en el pujante campo de la medicina regenerativa. 



Científicos de la Universidad de Stanford (EE UU) han utilizado un microscopio que toma imágenes de forma secuencial para seguir el desarrollo embrionario, una técnica que podría mejorar las posibilidades de embarazo tras una fecundación in vitro, según publica esta semana la revista Nature. Gracias a este sistema, las clínicas de reproducción asistida podrán mejorar los métodos de selección de los embriones que implantan a mujeres que deciden someterse a una fecundación in vitro para quedarse embarazadas.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/832379/0/fecundacion/vitro/avances/#xtor=AD-15&xts=467263

Nuevas técnicas de fecundación in vitro

Una mujer británica se ha convertido en la primera del mundo en concebir mediante una nueva técnica de Fecundación “In Vitro” (FIV) que podría más que duplicar el índice de éxito de embarazos.

La mujer, de 41 años de edad, recibió el tratamiento tras dos abortos espontáneos y 13 intentos fallidos de FIV.

La técnica permite a los médicos examinar los óvulos frescos en busca de cromosomas anormales, una de las principales causas del aborto espontáneo. Muchos embriones a los que les faltan cromosomas o con cromosomas dañados acaban dando lugar a un aborto espontáneo, pero otros salen adelante produciendo afecciones como el síndrome de Down.

La mujer, tratada por médicos del Care Fertility Group de Nottingham, debería dar a luz en los próximos dos meses.

Las clínicas de fertilidad han pedido durante mucho tiempo un modo para examinar los óvulos o embriones en busca de anormalidades cromosómicas importantes. Un óvulo sano porta 46 cromosomas –23 pares–, pero antes de que se pueda fertilizar debe deshacerse de 23, empaquetándolos en una estructura denominada cuerpo (o corpúsculo) polar. La nueva técnica examina los cromosomas de esta estructura.

Los médicos de la clínica reunieron nueve óvulos de la mujer tras estimular sus ovarios con fármacos hormonales estándar. Utilizando la nueva técnica de exploración, observaron que solo dos tenían los cromosomas intactos y, por tanto, se podrían implantar y conducir a un embarazo fructífero. Se implantaron ambos embriones en la mujer y uno condujo a un embarazo.
"Uno de los principales motivos por los que falla la FIV es la abnormalidad cromosómica", señaló Simon Fishel, director del Care Fertility Group. "El análisis completo de los cromosomas ofrece una gran esperanza para muchas parejas que tienen pocas esperanzas de concebir, las que han tenido muchos intentos fallidos y las que quieren maximizar sus posibilidades en cada intento. Ahora tenemos la mejor herramienta para lograrlo".
La técnica, denominada hibridización genómica comparativa del cuerpo polar, es la primera que permite examinar todos los cromosomas de un óvulo para ver si alguno falta o está duplicado.
El proceso utiliza un láser para realizar una pequeña incisión en la membrana externa del óvulo, desde la que los médicos pueden extraer el cuerpo polar con los 23 cromosomas expulsados antes de la fertilización. A continuación, los médicos utilizan un proceso de exploración informatizado para examinar si están todos los cromosomas.
"Este método de exploración tiene el potencial de mejorar los índices de natalidad, y de minimizar la frecuencia de aborto espontáneo y los defectos de nacimiento causados por las irregularidades cromosómicas", señaló Fishel.


Científicos de la Universidad de Stanford (EE UU) han utilizado un microscopio que toma imágenes de forma secuencial para seguir el desarrollo embrionario, una técnica que podría mejorar las posibilidades de embarazo tras una fecundación in vitro, según publica esta semana la revista Nature. Gracias a este sistema, las clínicas de reproducción asistida podrán mejorar los métodos de selección de los embriones que implantan a mujeres que deciden someterse a una fecundación in vitro para quedarse embarazadas. Las clínicas de reproducción asistida podrán mejorar los métodos de selección de los embrionesLos científicos filmaron embriones durante los días posteriores a que se produjera la fecundación en busca de instantáneas que permitieran deducir cuáles de los cigotos con dos días se desarrollarían hasta ser un blastocito, etapa embrionaria que tiene lugar 5 ó 6 días después de la fecundación y antes de que se produzca la implantación en el endometrio. Los investigadores observaron que había ciertas características que se repetían en aquellos embriones que acababan llegando a la etapa conocida como blastocito. En primer lugar, los embriones pasaban por una fase de citocinesis, cuando se produce la división del citoplasma, de una duración de entre 0 y 33 minutos. Otra de las conclusiones a las que llegaron es que las células individuales de un mismo embrión contienen diferentes tipos de expresiones genéticas, con algunas células que conservan transcripciones heredadas por vía materna a través de los óvulos, mientras que otras células tienen expresiones genéticas adquiridas durante el desarrollo embrionario. Si este método no intrusivo de seguimiento del desarrollo embrionario se llegara a utilizar en los tratamientos de fecundación in vitro, se multiplicarían las posibilidades de que se produjera un embarazo tras la implantación del cigoto.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/832379/0/fecundacion/vitro/avances/#xtor=AD-15&xts=467263
Científicos de la Universidad de Stanford (EE UU) han utilizado un microscopio que toma imágenes de forma secuencial para seguir el desarrollo embrionario, una técnica que podría mejorar las posibilidades de embarazo tras una fecundación in vitro, según publica esta semana la revista Nature. Gracias a este sistema, las clínicas de reproducción asistida podrán mejorar los métodos de selección de los embriones que implantan a mujeres que deciden someterse a una fecundación in vitro para quedarse embarazadas.

 
 Fuentes
  • Revista Bohemia, noviembre del 2010.
  • Artículo Fecundación in vitro.
  • Artículo Bebés Probeta. Disponible en: "www.embarazada.com".
  • http://www.ecured.cu/index.php/Beb%C3%A9_probeta 
  • http://avances-tecnologicos.euroresidentes.com/2009/01/nuevas-tecnicas-de-fecundacion-in-vitro.html

ROSALIND FRANKLIN.....LA CARA B DEL ACIDO DESOXIRRIBONUCLEICO




La biofísica inglesa Rosalind Franklin, autora de la Fotografía 51 en la que obtenía una imagen del ADN mediante técnicas de rayos X, será recordada por la comunidad científica como figura clave para la ciencia del siglo XX. Gracias a esta conocida imagen, las investigaciones de Watson, Crick y Wilkins culminaron  en 1962 con el premio Nobel por el descubrimiento del ADN. Precisamente, Wilkins reconocería la labor de Rosalind Franklin a sus investigaciones justo 4 años después de la muerte de la científica inglesa.
Probablemente, Rosalind Franklin habría logrado llegar a las mismas conclusiones tan sólo unos meses mas tarde pero ella nunca supo que una filtración de su trabajo había contribuido a desvelar el secreto de la vida.
Rosalind Franklin murió en 1958 a los 37 años de un cáncer de ovario que pudo ser consecuencia de su trabajo con los rayos X. Cuatro años más tarde, en 1962, Watson, Crick y Wilkins se repartieron el Premio Nobel que para muchos mereció Rosalind Franklin. Sin embargo el premio de la Academia sueca nunca se entrega a título póstumo ni puede compartirse entre más de tres personas.


Rosalind Franklin, además, destacó en otro tipo de investigaciones relacionadas con las microestructuras del carbón y el grafito. Fueron también relevantes sus trabajos sobre la estructura de los virus.
Tal fue la contribución a la ciencia de Rosalind Franklin que son varias las instituciones y premios a los que da nombre, como la universidad Rosalind Franklin University o los premios Royal Society Rosalind Franklin Award and Lecture, que premian la labor de la mujer en la ciencia.
Pero la figura de de Rosalind Franklin no solo ha sido relevante en el mundo de la ciencia. Para la comunidad feminista la labor realizada por la investigadora, abriendo camino a la presencia de la mujer en la comunidad científica, la enmarcan como una de las figuras más relevantes. Su presencia en la universidad de Cambridge ya sufrió la oposición de su familia, pero Rosalind Franklin, de fuerte carácter y personalidad -como reconocen algunos de sus colegas-, no solo consiguió formarse, sino que se convirtió en una gran investigadora a pesar del desprecio sufrido por parte de algunos de sus colegas.
Una mujer obviada
Rosalind Franklin fue una de esas mujeres obviadas por dedicarse a la ciencia y a la investigación. Destinadas al olvido por instituciones y compañeros a pesar de que sus descubrimiento cambien el rumbo de las cosas y el sentido de la vida. Nació en Londres el 25 de julio de 1920, la segunda de cinco hijos en una familia judía. Sus padres, Ellis y Muriel, participaban en organizaciones benéficas y servicios a la comunidad. Rosalind Franklin siempre había demostrado una aptitud temprana para las matemáticas y la ciencia y un don para los idiomas. Después de escuchar a Einstein en una de sus conferencias decide graduarse en Químicas por la Universidad de Cambridge. Al principio su padre desaprueba la idea, pero lo cierto es que él mismo había estudiado ciencias e incluso aprendido alemán con el fin de intentar convertirse en científico además de defender siempre la educación como valor primordial. Los años de Universidad de Rosalind Franklin estuvieron marcados por la Segunda Guerra Mundial, lo que provocó que muchos de sus profesores fuesen detenidos o dejasen su trabajo. Durante aquella época escribió una carta en la que comentaba: «Prácticamente la totalidad de los miembros del laboratorio han desaparecido. Bioquímica se ejecutará casi en su totalidad por los alemanes, y no puede sobrevivir». En este mismo laboratorio había estudiado Newton y allí se constituyó el Laboratorio Cavendish, nombre del físico que unificó las fuerzas eléctricas y el magnetismo.


Cuando acabó sus estudios pasó tres años muy productivos en París en el Laboratoire de Services Chimiques de L?Etat, donde aprende y desarrolla técnicas tan innovadoras como relevantes para su futuro, entre las que destacan las de difracción de rayos X, también llamada «cristalografía de rayos X». En 1951, Rosalind Franklin vuelve a Inglaterra como investigadora asociada en el laboratorio de Juan Randall en Cambridge.
Para Rosalind era la gran oportunidad de aplicar sus conocimientos a la biología y el laboratorio de Randall se encontraba en el mejor nivel de desarrollo. Fue allí donde su trayectoria se cruzó con la Maurice Wilkins.
Wilkins había sido el primero en reconocer los ácidos nucleicos y no estaba dispuesto a que Rosalind Franklin fuese su competencia. En ese momento se conocía la forma deshidratada de la molécula, la que no sugería una forma helicoidal. Franklin se concentró primero en interpretar los patrones de difracción utilizando las laboriosas fórmulas de Patterson y consiguió sus objetivos: Rosalind Franklin pulverizó los argumentos de todos sus colegas. La cantidad de agua en el modelo no correspondía al de los estudios de difracción. En 1952 consigue con el difractómetro de rayos X, fotografiar la cara B del ADN hidratado, la famosa Foto 51, la columna vertebral del ADN.
A espaldas de Rosalind, Wilkins le enseña a Watson las fotos decisivas que ésta ha obtenido del ADN y cuyos resultados aún no ha publicado.
La vida de Rosalind Franklin fue tan corta como protagonista. Siendo mujer, científica y judía, tuvo que soportar el desprecio de otros científicos, ver como su trabajo fue discriminado. Su misógino jefe fue capaz tacharla de «conflictiva» y «poco femenina» pero no dudó un momento en robarle su trabajo sobre el cual orientó y logró armar un informe con la información genética y los resultados de Rosalind.




 La ley de Bragg dice que cada cristal atravesado por el haz de rayos X deja una especie de huella de identidad o retrato que solo un experto puede interpretar y que éstas revelan cómo es la estructura de la molécula de un cristal y la colocación de sus átomos.
Estos datos constituyen toda una revelación para Rosalind, que empieza así a familiarizarse con el mundo de la materia extremadamente pequeña y en tres dimensiones.
El sino de la joven, que cuenta entonces 21 años, continúa siéndole favorable y consigue trabajar a las órdenes de otro futuro premio Nobel, el fisicoquímico pionero en fotoquímica Ronald Norrish, famoso empero por su trato desabrido para con los becarios. Poco importa todo ello a  Rosalind, ya que no solo disfruta con su trabajo sino que además goza por vez primera de su independencia, viviendo en un piso de alquiler en el que puede recibir a sus amigos, guisar y disfrutar a voluntad de su tiempo libre.
El mes de agosto del año siguiente acepta un trabajo para estudiar el carbón en la British Coal Utilisation Research Association (BCURA), dirigida por Donald H. Bangham. El carbón vegetal era, en plena guerra, un combustible de gran protagonismo y trascendencia, ya que se empleaba como filtro de las máscaras de gas. Tras investigar sus diferentes tipologías, Rosalind presenta cinco publicaciones, consigue doctorarse y contribuye a la fabricación de una máscara de gas más eficaz.
Había nacido una científica.
 Los contactos de una de sus amigas le facilitan conseguir un puesto como fisicoquímica junto a Marcel Mathieu, que gestiona un centro de investigación en París. La sintonía con el científico es instantánea y se mantendrá de por vida. A su lado, Rosalind aprende y desarrolla técnicas tan innovadoras como relevantes para su futuro, entre las que destacan las de difracción de rayos X, llamada también ‘cristalografía de rayos X’. Una técnica tan compleja como poco conocida, que pretende aplicar el método de la cristalografía a materias no cristalinas. Su ojo científico se aguza y le permite perfeccionar dichos procesos y publicar varios estudios sobresalientes.



En 1950 sus avances en dicha disciplina llegan a oídos de John Randall director del laboratorio del King’s College de Londres, quien le insta a sumarse a su unidad de investigación en la que sólo trabajarían ella y el que sería su mano derecha, Raymond Gosling. Éste había sido hasta entonces ayudante de un joven físico neozelandés,Maurice Wilkins, que había trabajado en el ADN, aunque las imágenes que había obtenido hasta entonces eran harto confusas.
Rosalind se entusiasma con el proyecto y aunque su vida en París la subyuga (había escrito a sus padres diciendo que Francia le gustaba tanto o más que Inglaterra y los ingleses), decide volver a Inglaterra. La joven cuenta entonces ya con 30 años, una edad respetable para una época en la que las mujeres se hallaban irremisiblemente educadas para el matrimonio, y que en caso de ser trabajadoras no dudaban en abandonar su puesto una vez contraído el enlace. Pero Rosalind tiene las cosas claras. Años más tarde, sus amigas contarán que jamás encontró al hombre adecuado que le compensase lo suficiente para dejar la investigación y…la libertad.
La científica arriba a Londres en enero del año siguiente y monta su laboratorio solventado las carencias que su antecesor, Maurice Wilkins, no había sido capaz de cubrir. El regreso de éste, que se encontraba de vacaciones, no es precisamente placentero. El científico, incapaz de asimilar las mejoras que la recién llegada ha aportado a 'su laboratorio' y el hecho de que Gosling se haya convertido en su ayudante, sumados a su natural machismo, le predisponen contra la recién llegada.
Pero en mayo de 1952 la científica consigue, con el difractómetro de rayos X, fotografiar la cara B del ADN hidratado, la famosa Foto 51, columna vertebral del ADN.


Hasta la fecha, dos investigadores de la Universidad de Cambridge, James Watson y Francis Crick, habían abordado el problema de la estructura del ADN basándose en los datos obtenidos por otros científicos y especulando sobre ellos habían construido un modelo en tres dimensiones, un modelo que no respondía a la realidad y que tras ser analizado por Rosalind es rechazado. Pero los dos científicos perseveran y como ha quedado demostrado en repetidas ocasiones desafortunadamente, la historia de la ciencia una vez más es injusta con las mujeres. El desabrido Wilkins, a espaldas de Rosalind, le enseña a Watson las fotos decisivas que ésta ha obtenido del ADN y cuyos resultados aún no ha publicado.
Poco después, el 25 de abril del siguiente año, la prestigiosa revista Nature publica tres artículos de los grandes hallazgos de la biología bajo el único título de Estructura molecular de los ácidos nucleicos. El primero, firmado por Crick y Watson, es la estrella de la revelación del descubrimiento científico, la estructura del ADN; el segundo es un artículo de Wilkins y el tercero, el de Rosalind. Incómoda con la situación, Rosalind decide entonces abandonar todo lo relacionado con el tema.
El espíritu luchador de esta «heroína olvidada» llamada Rosalind Franklin, le permitió seguir investigando y gracias a ello lideró varios trabajos pioneros relacionados con el virus del mosaico de trabaco y el virus de la polio.


 http://www.lavozdegalicia.es/noticia/informacion/2013/07/24/rosalind-franklin-autora-fotografia-identifico-estructura-adn/00031374
 http://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20130416/54369468900/rosalind-franklin-adn-cientifica-descubridora-biofisica-cristalogra

sábado, 18 de julio de 2015

LA HISPANIA ROMANA....HISTORIA DE ESPAÑA-PARTE I



La Hispania Romana arranca de la pugna romano cartaginesa. Cartago fue la primera potencia que utilizó los recursos de la Península con el fin de consolidar un imperio económico. Previamente, ya había sometido y obligado a fusionarse aceptando su superioridad a los belicosos pueblos libios, fundando una oligarquía plutocrática a la manera de las repúblicas comerciales italianas de finales de la Edad Media. En la ciudad de Cartago se había establecido un ejército fuerte, partidario de defender su imperio económico por la fuerza de las armas, apoyada en la superioridad de su flota. Dominada la costa libia a mediados del siglo VI a.C., Cartago consolidó progresivamente su imperio económico con la fundación de una serie de bases comerciales y militares en toda la cuenca del Mediterráneo occidental. Venidas a menos las antiguas metrópolis fenicias, sólo pudo hacerle alguna sombra el pueblo griego de los focenses, establecido en las costas de Galia e Hispania y en algunas islas. Una coalición etrusco cartaginesa derrotó a los de Focea en la batalla de Alalia, tras la cual Cartago se estableció en Córcega y parte de Sicilia, manteniendo un forcejeo bélico continuo en la isla de Cerdeña, hecho que favoreció la creación de un poderoso grupo militar: Malco, general derrotado en Cerdeña, se impuso en Cartago con los restos de su ejército. Su sucesor, Magón, fue el primero de una serie de caudillos que dominaron la república durante muchos años.


Ruinas de Carthago Nova (Cartagena, Murcia).
Mientras tanto, en la Península Itálica, una ciudad del Lacio, Roma, comenzaba a imponerse con fuerza en la zona, aunque aún se hallaba lejos de representar un poder digno de enfrentarse al poderío de Cartago. El enfrentamiento entre ambas potencias se atisbaba ya en el tratado que firmaron en 508 a.C., y que incluía una cláusula referente a Hispania: en ella, Cartago prohibía a Roma y a sus aliados focenses de Marsella navegar por aguas hispanas.
Justino, tomando sus noticias de Trogo Pompeyo, informó que con ocasión de la ruina de Tiro los pueblos ibéricos atacaron a Cádiz. Los fenicios gaditanos buscaron el auxilio de Cartago, que estableció permanentemente destacamentos de tropas en la ciudad; tras ello, los cartagineses se establecieron en Ibiza para servir de enlace entre África e Hispania. Los cartagineses obtuvieron de estos primeros contactos con la Península la colaboración de mercenarios, sobrios, aguerridos y extraordinariamente resistentes: su armamento -casco con cimera, sable o falcata, caetra o pequeño escudo circular- era extremadamente eficaz, por lo que algunas de sus armas fueron incorporadas por los ejércitos de la época. Conservamos noticias de la participación de mercenarios hispanos en la batalla de Himera, combatiendo al servicio de Amílcar; más tarde, en la lucha entre las ciudades sicilianas de Selinunte y Segesta, a la que los cartagineses apoyaban en contra de la primera, los mercenarios ibéricos tuvieron una actuación destacada, mencionando las fuentes a los honderos, acaso baleares. Los mercenarios hispanos combatieron asimismo de manera destacada en otras varias batallas: en Himera, en el sitio de Agrigento, en Gela... Aunque combatían generalmente al mando de los cartagineses, no se hallaban al servicio de un solo partido y ofrecían sus servicios al mejor postor, dependiendo de un variado conjunto de circunstancias.
Amenazada seriamente Cartago por el poderío militar de Roma a mediados del siglo IV a.C., la Península es tierra de gran importancia estratégica para las potencias contendientes. En un nuevo tratado firmado entre ambas en el año 348 a. C., se determinó el cabo de Palos como límite a la expansión a las colonias griegas protegidas por los romanos, reservándose aún la potencia cartaginesa el monopolio comercial de las tierras ricas en metales y en hombres, principalmente Andalucía y el interior.
La antaño poderosa Cartago se vio paulatinamente abocada a defender las últimas posibilidades de conservar un imperio comercial, por lo que puso sus esperanzas en las tierras hispanas, frente al impetuoso avance de Roma. Ésta, poseedora de un ejército fuerte y disciplinado y con una escuadra muy manejable y efectiva, aceptó el reto de Cartago de combatir en Sicilia; tras una serie de batallas y escaramuzas se produjo la victoria romana frente a su adversaria, quien perdió a un tiempo Sicilia y la supremacía marítima que había mantenido -aunque ya al final casi nominalmente- a lo largo de siglos. Al mediar el siglo III, una serie de circunstancias pusieron a Cartago en la necesidad de defender los restos de su imperio: el poderío de Roma era ya avasallador. Una serie de revueltas habían ido mostrando la hostilidad de los iberos hacia las colonias aliadas de los púnicos en la costa, expulsando progresivamente a los cartagineses de ellas. Amílcar Barca, jefe del partido militar, hizo recuento de sus efectivos: conservaba la escuadra y la metrópolis de Gádir. Tras someter una sublevación de los mercenarios en África, emprendió la reconquista del imperio cartaginés, al parecer en contra de la opinión del gobierno de Cartago, sin duda atemorizado por la casi segura intervención de Roma (véase Guerras Púnicas)

Cabeza fenicia, siglo IV a.C. Cádiz.
La política de los Bárcidas -Amílcar Barca y su hijo Aníbal- mostró una preocupación por apoyarse sistemáticamente en la Península Ibérica, con el fin de tratar de contrarrestar el creciente poder de Roma. Amílcar fundó Acra Leuké en las proximidades de la actual Alicante, con la intención de contar con una base permanente en la Península a través de la cual comunicarse con su imperio. Esta creación suscitó los recelos de los romanos, que habían observado las victorias del general cartaginés con inquietud, y enviaron una embajada que obtuvo de Cartago una respuesta satisfactoria. En el año 229 Amílcar puso sitio a la ciudad de Helike -Elche- con una parte de su ejército, mientras retiró el grueso del mismo a sus cuarteles de invierno en Acra Leuké. La hostilidad de los pueblos ibéricos hacia los cartagineses no había cesado: uno de sus reyezuelos, tras concertar con el general un pacto y romperlo inesperadamente, combatió a su ejército con un ataque repentino, derrotándolo y dando muerte a Amílcar que, al parecer, murió ahogado en un río.

La llegada de Aníbal. Tapiz, catedral de Zamora.
Sucedió a Amílcar su yerno Asdrúbal, que vengó la derrota cartaginesa y reanudó los lazos con los iberos, haciendo que le reconociesen como jefe. Con los ingresos de los pueblos sometidos consiguió mantener la autonomía y prosperidad de Cartago, asegurándose el mando de sus ejércitos. Su talento político consistió en respetar el tratado impuesto por Roma en lo referente a la prohibición de extenderse por la costa más allá de la latitud indicada, pero aprovechando para extenderse libremente por las tierras del interior. Fundó la ciudad de Cartagena en un lugar tan acertado que, en el futuro, habría de ser la principal base española en el Mediterráneo.
En el 226 Roma, presionada por la amenaza de los galos, envió una nueva embajada al bando cartaginés, ofreciéndoles ampliar su zona de influencia siempre que respetaran la línea del Ebro, lo que permitía salvaguardar las colonias griegas. El año 221 a.C. el general cartaginés falleció asesinado, sucediéndole su pariente Aníbal, un genio militar considerado con justicia como uno de los más grandes guerreros de la Edad Antigua. Su estrategia, continuadora de la de su antecesor, procuró no sólo reforzar la presencia cartaginesa entre los pueblos iberos para consolidar sus posiciones costeras, sino dominar efectivamente a los pueblos del interior, de tal modo que la totalidad del territorio sometido le garantizase la base estable sobre la que edificar una superioridad política y económica sobre Roma. Los pueblos celtas de la Meseta, que hasta entonces no habían visto amenazada su independencia, se aprestaron para la defensa, aunque en los combates habidos contra los cartagineses la caballería y los elefantes garantizaban a los púnicos la supremacía bélica. Asdrúbal ascendió así hasta la cuenca del Duero, tomando importantes ciudades vacceas como Salamanca y Arbucala, y a su regreso deshizo en el Tajo una confederación de pueblos de la Meseta agrupada en su contra. Estas coaliciones de pueblos ibéricos ante el peligro eran relativamente comunes, como se vería años después en el caso de Numancia.
El papel de la Península en estos años fue, fundamentalmente, servir de escenario para una lucha entre dos poderosos rivales, limitándose los pueblos ibéricos a definir su actitud a la vista de las circunstancias. Esto se hizo patente en el caso de Sagunto, cuyo sitio cobró en estos momentos extraordinaria dimensión histórica, dando lugar al definitivo enfrentamiento entre Cartago y Roma y a una de las gestas hispanas más acendradas en defensa del propio suelo y de la propia independencia. Situada en un fuerte promontorio sobre la costa, dentro del territorio adjudicado a Cartago en el último de sus tratados con Roma, en su interior había dos facciones, partidarias de apoyar a uno de los bandos. Roma se había encargado de alentar en su interior a sus partidarios, que se deshicieron de la facción procartaginesa. Poco después, algunos pueblos ibéricos, como los turboletas, atacaron Sagunto, acaso instigados por Aníbal. Éste recabó y obtuvo del Consejo de Cartago plenos poderes para presentar la batalla definitiva a los romanos, disputándoles la supremacía en la Península: en la primavera del 219 puso sitio a Sagunto, que se prolongó durante ocho meses, tras lo cual la ciudad fue tomada, consiguiendo el cartaginés abundante botín y muchos prisioneros. La importancia del sitio consistió en que fue la chispa para el definitivo enfrentamiento entre Cartago y Roma: a partir de ese momento, Aníbal se puso en marcha hacia Roma con su poderoso ejército, integrado en su mayor parte por fuerzas hispanas como aliadas o mercenarias. Con él tuvo lugar el paso de los Pirineos y de los Alpes, así como las cuatro grandes victorias sobre el ejército más poderoso de la época, el romano.

Teatro romano en Sagunto (Valencia).

Llegada de los romanos a la Península


La llegada de los romanos a Hispania significó, sin duda, el hecho más trascendente de nuestra historia antigua. Producido como consecuencia de una acción militar, no fue en modo alguno casual, ya que los romanos calculaban cuidadosamente cada uno de sus pasos hacia el dominio del mundo conocido. La inmediata acción de conquista que desencadenaría conllevó la más decisiva serie de cambios ocurrida en la Península hasta la Edad Moderna: nuestras ciudades, nuestro pensamiento, nuestra lengua y nuestras leyes son en gran medida romanas. Roma había adquirido a fines del siglo III una de las constituciones más sólidas del mundo antiguo: era una república aristocrática, regida por un Senado que representaba a las oligarquías patricias y en cuyo gobierno las clases populares estaban representadas de modo más aparente que real. A menudo, los historiadores se preguntan por las causas de la caída de su Imperio, pero pocas veces las causas de su ascenso: en efecto, muchas ciudades de la época tenían unas semejantes bases de partida, pero sólo Roma logró consolidar en torno a sí el convencimiento y el poder para convertir una mediana ciudad del Lacio en un Imperio de proyección universal. Su secreto estriba en que su trabajoso ascenso hacia la construcción de ese Imperio vino acompañado de un espíritu de patriotismo mantenido por una aristocracia que transmitía de padres a hijos la experiencia del gobierno. Una ciudad estado que se había convertido en cabeza de una confederación de pueblos del Lacio a lo largo de los siglos IV al II antes de Cristo terminó por constituirse en la urbe más poderosa de Italia. Las guerras contra Cartago y las alternativas derrotas y victorias forjaron el poder militar de sus ejércitos, consolidando sus virtudes cívicas y castrenses.

Colonia romana de Ampurias. Gerona.
Una de esas familias que gobernaba con amplitud de miras y firmeza política los designios de la ciudad, los Escipiones, concibió la hábil estratagema de atacar en Hispania a Aníbal, tratando de cortar su retaguardia y privarle así de su principal base de aprovisionamiento y apoyo político. Con este fin fue enviado Cneo, hermano de Publio Cornelio Escipión, que desembarcó en Ampurias en el 218 antes de Cristo con un pequeño pero disciplinado ejército cuyo primer objetivo era descender por la costa hacia el sur, manteniendo una primera batalla importante en los alrededores de Cesse, la actual Tarragona. La ciudad fue ocupada y se convirtió en la base de las operaciones romanas en la guerra.

                                                  
Detalle de las murallas romanas de Tarragona.
La suerte de ésta se estaba decidiendo en Italia, donde Aníbal avanzaba imparable hacia Roma tras vencer a los romanos en la batalla de Tesino y en la de Trebia. Estas derrotas no arredraron a los romanos, que parecen haber tenido presente en todo momento la amplitud de la contienda; pese a sentirse amenazados en su misma capital, el Senado decidió enviar un nuevo ejército a Hispania para reforzar el ya existente: Publio Cornelio marchó a su frente en el 216 a.C. Es claro que para entonces ya los romanos sabían que la guerra sería lo suficientemente larga, que Aníbal sólo contaba con posibilidades de ganarla si atacaba Roma con el crecido número de tropas necesaria para tomarla y que éstas sólo podían llegarle de Hispania: de ahí el denuedo de los romanos por impedir la llegada de refuerzos al ejército cartaginés por vía terrestre y el carácter sacrificado del reducido ejército de los Escipiones, que hubo de desenvolverse en un medio en gran medida hostil. Aprovechando una revuelta de los pueblos celtíberos contra los cartagineses, los Escipiones cruzaron el Ebro hacia el Sur, rompiendo a su vez, como previamente había hecho Aníbal, los términos del tratado.
Aprovechando que en las poblaciones ibéricas había un sentimiento adverso a Cartago, el ejército romano llegó a Castrum Album, acaso Alicante, y penetró en la rica zona minera de Cástulo, en los alrededores de Cazorla, donde pasaron el invierno. En la primavera del 212 Asdrúbal retornó a Hispania con refuerzos de tropas nómadas; una coalición con la tribu ibérica de los ilergetes le permitió hacer frente al ejército de los Escipiones, que habían dividido sus fuerzas: Publio fue derrotado y muerto en Cástulo y Cneo sufrió idéntico destino cerca de Lorca.
Mientras tanto, las victoriosas campañas de Aníbal en Italia parecían tocar a su fin: tras una serie de sucesivas victorias, se enfrentaba a una resistencia tenaz por parte de los romanos, hasta que, convencido de la escasa rentabilidad de sus victorias, se atrincheró en Regio, esperando un momento propicio para sus tropas. En el verano del 211 los romanos habían logrado reunir un ejército lo suficientemente poderoso como para poder recuperar las posiciones perdidas en la Península Ibérica. Al mando de Cayo Claudio Nerón, fue enviado a Hispania para tratar de restablecer el orden anterior a la derrota de los Escipiones; inesperadamente, en el año 210 el pueblo romano concedió plenos poderes militares -el imperium proconsulare- al joven patricio Publio Cornelio Escipión, hijo del derrotado en Cástulo, para dirigir el ejército de Hispania. Este joven de veinticuatro años, auxiliado por Marco Julio Silano, desembarcó en Ampurias y descendió luego hacia Tarraco, en el mejor momento para emprender una acción de contraataque. Asdrúbal recibió en estos momentos la orden de trasladarse a Italia en auxilio de Aníbal.
Las exacciones y levas de tropas que el ejército cartaginés se había visto forzado a hacer en Hispania habían provocado el descontento de gran parte de los iberos, descontento que supo aprovechar hábilmente Escipión. Asdrúbal Barca reunió en la Bética el ejército con el que auxiliar a Aníbal en Italia, éste fue atacado por Escipión, quien dio la batalla en las estribaciones de Sierra Morena, donde su padre había caído derrotado. Escipión venció al ejército cartaginés aunque sin lograr destruirlo; los cartagineses emprendieron una rápida huida hacia la Meseta y desde allí marcharon a los Pirineos, cruzándolos por su lado occidental. Entretanto, una serie de campañas afortunadas fueron dando la primacía en el Sur a los romanos, que ya empezaban a familiarizarse con las tierras y pueblos de Hispania, comenzando a conocer la tenaz resistencia de que eran capaces sus hombres.
En los años siguientes, el mundo asistió a la definitiva derrota de Cartago: Asdrúbal fue derrotado y muerto en la batalla de Metauro en el 207, mientras que Aníbal cayó en la batalla de Zama, en África. Las victorias sobre Cartago no habían sido el final sino el principio de un panorama de conquistas que, a continuación, los romanos iban a emprender por toda la Península, dando lugar a los más radicales cambios por los que habrían de atravesar estas tierras a lo largo de su historia y convirtiéndolas en una parte vital de su imperio.

Roma se afianza en Hispania

Eclipsado momentáneamente el peligro púnico, Roma hubo de plantearse cómo evitar que sucesos como los que habían llegado a poner en peligro su propia seguridad en los últimos años volvieran a producirse. En este momento, la tentación de dominar por las armas al belicoso conjunto de pueblos peninsulares debió ser grande: por una parte, se obtendrían ricos recursos materiales y humanos, al tiempo que se detraerían a su potencial enemigo; por otra, se abría un período de guerra de duración indefinida que se adivinaba largo, pero cuyos sacrificios y consecuencias sólo podían en ese momento vagamente intuirse.
Sólo la inexorable voluntad de dominio de Roma hizo que tal esfuerzo pudiera llevarse a cabo, y sólo la constante decisión de afirmarse como único poder del mundo conocido pudo vencer la tenacísima resistencia de los pueblos ibéricos a perder su independencia. Se abría así un período de dos siglos de luchas a lo largo de los cuales ambos contendientes mostraron lo mejor y lo peor de sí; y a su término, Hispania quedaba constituida como la primera y mayor fuente de recursos de Roma, convertida al tiempo en una parte esencial de su imperio.
En su empeño por dominar a los pueblos hispanos, Roma no empleó unas tácticas diferentes a las de Cartago; en el fondo, sus estrategias no podían ser muy distintas: una política "de palo y zanahoria" de privilegios y exenciones, mediante pactos a las ciudades que se aviniesen a aceptar su poder, guerra, destrucción y deportaciones masivas como esclavos a quienes se opusiesen a un enemigo al que reconocían como mucho más poderoso. No obstante, ocurría que el costo de las acciones bélicas era cada vez mayor y el peso del yugo de Roma, que algunos habían aceptado de grado, cada vez era más pesado. Todo ello amenazaba con convertir los pactos de alianza firmados en un estado de práctica esclavitud respecto al poder invasor.
Los primeros conflictos surgieron probablemente por las exacciones de dinero para pagar a las tropas, que coincidió con un motín de soldados romanos en Cartago Nova. Polibio alaba la virtud de Escipión y condena la mala fe púnica, que quiso aprovechar la oportunidad para debilitar a sus rivales apoyando un levantamiento de los pueblos ibéricos, antaño aliados de Roma, contra Cartago. La revuelta estaba acaudillada por Indíbil y Mandonio, personajes a quienes la historiografía romántica convirtió en adalides de la defensa de los valores patrios. La revuelta que capitanearon se extendió entre los pueblos ilergetes situados entre las actuales regiones valenciana y catalana, prolongándose durante varios años.
Escipión había dejado la Península hacia el año 205 y sus sucesores hubieron de reprimir sublevaciones constantes que, como un reguero de pólvora, se extendían por los territorios sometidos. Indíbil murió en combate y Mandonio, capturado, fue condenado a muerte. En estos momentos -del 206 al 197 a.C.- ocurrieron dos hechos significativos de la voluntad política romana de permanencia en la Península: la fundación de Itálica y la división de Hispania en dos provincias. Hasta entonces, los romanos habían dominado el territorio ocupando ciudades griegas, púnicas o ibéricas, mientras que ahora se creaba un núcleo urbano para familias latinas, asentando a los jubilados de las legiones y convirtiéndolos en propietarios agrícolas.
La división de Hispania en dos provincias encuadraba al territorio dentro de la administración romana y respondía a intereses de carácter militar y económico: la provincia Citerior englobaba al litoral mediterráneo, escenario de las recientes guerras contra Cartago; la Ulterior abarcaba las anchas tierras inhóspitas del interior y sus tribus hostiles, las mal explotadas costas del océano.


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domingo, 12 de julio de 2015

EL NEOCLASICISMO EN ESPAÑA...UN IMPULSO RENOVADOR EN EL ARTE





La sustitución en el trono de España de la dinastía de los Habsburgo por la de los Borbones, con la llegada de Felipe V en 1714, fue un factor determinante para que entraran las corrientes artísticas extranjeras y se produjera el cambio de gusto en las artes españolas. Los artistas llamados para trabajar en los palacios reales, franceses e italianos principalmente, trajeron a España las manifestaciones artísticas del clasicismo francés y del barroco clasicista italiano, mientras los artistas españoles estaban inmersos en un barroco nacional que pervivirá aun hasta fines de siglo. 


Otro hecho decisivo para la introducción del estilo artístico importado fue el incendio, en 1734, del antiguo Alcázar de Madrid, residencia de los Austrias; Felipe V solicitó la presencia en Madrid del arquitecto Filippo Juvara  para que hiciera los planos de la nueva residencia real. Con Juvara primero y, tras su muerte, con Giovanni Battista Sacchetti llegó el barroco clasicista italiano. En la obra de Palacio se formaron muchos de los futuros arquitectos españoles y muchos escultores y pintores trabajaron en su decoración.

Con los primeros Borbones llegó un deseo de renovación frente al barroco churrigueresco que había sustentado la casa de Austria. Los reyes tomaron la iniciativa en el campo de las artes sirviéndose de una institución, la Academia, que ejerce el control sobre ellas. Poco a poco se instauró el reformismo ilustrado contando para sus proyectos renovadores con la ayuda de notables ilustrados españoles como Aranda, Campomanes, Floridablanca, Jovellanos o Ponz.

La Academia de Bellas Artes de San Fernando nació gracias a los deseos del rey Fernando VI. La Junta Preparatoria de la Academia ya mostraba en su composición la presencia de artistas extranjeros que trabajaban en las obras reales, como su presidente, el escultor Domenico Olivieri o algunos de sus directores como el escultor Antoine Dumanché, el pintor Louis van Loo y el arquitecto Giovanni Battista Sacchetti. La orientación de la Academia estuvo marcada desde el comienzo por el rey, quien, con un concepto ilustrado de la función del arte, deseaba la renovación y el control de la producción artística para que sirviera de ornato y enaltecimiento a la Corona. A imagen de la Academia madrileña surgieron las del resto de España.

Con la llegada al trono de Carlos III en 1760, la función dirigente del rey y de la Academia se manifestó de forma más clara. El nuevo monarca había apoyado en Nápoles las excavaciones de las ciudades de Herculano y Pompeya, siendo conocido su entusiasmo por la arquitectura y las demás artes, su interés por el pasado clásico y su apoyo a la edición de las Antigüedades de Herculano. En 1783 publicó una Real Orden por la que se declaraban libres las profesiones de las Nobles Artes de Dibujo, Pintura, Escultura, Arquitectura y Grabado, pudiéndose ejercer desde entonces sin necesidad de formar parte de un gremio. Con ello la Academia se convertía en la única instancia autorizada para expedir títulos o racionalizar el aprendizaje de las artes, por lo que controlaba la orientación de la producción artística, a la que se contribuía con pensionados en Roma para los alumnos destacados.

El proceso de introducción en España de las corrientes neoclásicas tiene en común con el resto de Europa el profundo análisis que se hace de las fuentes del clasicismo, el interés por la arqueología, el estudio de la tratadística, la crítica de la tradición y el rechazo del último barroco. Aunque el desarrollo del Neoclasicismo en las tres artes no fue coincidente en el tiempo, puede decirse que tuvo sus primeras manifestaciones durante el reinado de Fernando VI , floreció bajo Carlos III  y Carlos IV  y prosiguió todavía, tras la Guerra de la Independencia, con Fernando VII , si bien ya convivía con otras corrientes más novedosas.


Fue en la arquitectura donde antes se apreció el impulso renovador con la obra de palacio, donde surgieron los arquitectos más notables de la segunda mitad del siglo XVIII. En este ambiente primero, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando después, se revisaron las concepciones arquitectónicas, coincidiendo todos, a pesar de los diferentes postulados existentes, en el desprecio hacia el barroco castizo motejado despectivamente de churrigueresco, al que se quería asociar con la ignorancia y el mal gusto populares.

Desde el proyecto ilustrado la arquitectura no debía limitarse sólo a intervenciones puntuales, sino que era parte de un todo que tenía la misión de conseguir un marco adecuado para la vida de los ciudadanos. Así, las ciudades debían mejorar sus servicios de alcantarillado, acometida de aguas, adecentamiento de calles con iluminación y empedrado, hospitales, jardines, cementerios etc., en resumen, había gran interés por dotar a las poblaciones de un aspecto más noble y lujoso que pudiera reflejar la grandeza del soberano y el bienestar de sus súbditos. También era preciso mejorar la infraestructura de caminos del país, para comunicar con facilidad las diferentes zonas y agilizar así el comercio y la industria. La fundación de nuevas poblaciones sirvió para colonizar zonas escasamente pobladas y controlar de esta manera el territorio. También se impulsaron las obras hidráulicas, como canales y acueductos, para facilitar el transporte y la distribución del agua necesaria para el riego de los campos y para el consumo.

Dentro de estas empresas ilustradas estaba la colonización de Sierra Morena y Nueva Andalucía con la fundación de poblaciones como La Carolina, La Carlota, Almuradiel etc. a lo largo del camino Real de Andalucía, o la creación por intereses militares de las nuevas poblaciones costeras de El Ferrol o de la Isla del León (San Fernando). También es importante destacar la construcción de canales, como el de Castilla o el Imperial de Aragón, que se consideraban un medio importante para el riego y el transporte. Todas estas obras se realizaron con el trabajo de los arquitectos pero, sobre todo, de los ingenieros militares.

Desde la Academia se acometió la tarea de buscar un modelo ideal para la arquitectura. Se trataba de revisar y criticar toda la tratadística anterior, desde Vignola a Palladio o Serlio, con el fin de ir directamente a las fuentes del pasado a través de viajes que posibilitaran conocer las ruinas, catalogarlas y estudiarlas, a fin de sacar unas conclusiones de validez universal.

Diego de Villanueva (, director de Arquitectura de la Academia, publicó en Valencia  Colección de diferentes papeles críticos sobre todas las partes de la Arquitectura, donde muestra conocer las teorías racionalistas de Laugier o Algarotti, entonces de moda en Europa. Entre su obra construida resalta, por su sentido simbólico, la reforma del palacio Goyeneche en la calle de Alcalá de Madrid, para sede de la Academia de San Fernando , reforma que consistió en mutilar la fachada barroca ricamente ornamentada que años antes había construido José Benito Churriguera.

También en estos años sobresale el arquitecto Ventura Rodríguez , notable por la cantidad de obras que construye y por el control que sobre la arquitectura de toda España ejerció desde la Academia y desde el Consejo de Castilla. Obra suya es la remodelación de la basílica del Pilar de Zaragoza, con la construcción de una capilla exenta para el culto de la Virgen dentro del gran templo. La capilla está pensada como un enorme baldaquino construido en mármoles de colores y bronces muy en la línea del último barroco romano que había aprendido en la obra del Real Palacio.


 Es también autor del convento de los Agustinos Filipinos de Valladolid  que, aunque al exterior trae recuerdos escurialenses, tiene en su planta ecos de la obra de Juvara en Turín.


                                     CONVENTO DE LOS AGUSTINOS FILIPINOS

Con la llegada de Francesco Sabatini , que viene de Nápoles con Carlos III con la misión de atender la política reformista del rey en el campo de la arquitectura, decrece la importancia de Rodríguez. Sabatini trazó la escalera principal del Real Palacio  e intervino en la edificación de obras monumentales para Madrid, representativas del poder real, como la Puerta de Alcalá que conmemoraba la entrada de Carlos III en la capital, el edificio de la Aduana de Madrid , hoy Ministerio de Hacienda en la calle de Alcalá, y el Hospital General , todo dentro del diseño racionalizado del barroco clasicista que había conocido en Nápoles. La actividad de Sabatini cubrió el campo de la arquitectura civil y de la ingeniería militar; dirigió numerosas obras en toda España, desde la catedral de Lérida a la fábrica de armas de Toledo o el trazado de la nueva población de San Carlos en la Isla del León (Cádiz).

                                                    PUERTA DE ALCALA

Después de unos años de enorme labor crítica y teórica desde la Academia, comenzó a trabajar una nueva generación de arquitectos cuya figura más representativa es Juan de Villanueva , hermano del ya citado Diego. Es el arquitecto que mejor refleja la consecución y codificación de un auténtico lenguaje neoclásico, a la vez que su trabajo como arquitecto real le convierte en el traductor de los gustos del rey. Es autor en El Escorial de las Casas de Oficios
                                           LA CASA DE LOS OFICIOS
  Frente al monasterio y también de las Casitas de Arriba y de Abajo, edificaciones de aspecto totalmente clasicista. Incluidas en el programa cultural de corte ilustrado del gobierno de Carlos III están tres de las obras más emblemáticas de Villanueva: el Museo del Prado,

 el Jardín Botánico y el Observatorio Astronómico. El hoy Museo del Prado estaba pensado como Academia de Ciencias o Gabinete de Historia Natural y se inició en 1785; su arquitectura de formas clásicas perfectamente depuradas, integrada por volúmenes independientes conectados entre sí, es una muestra del modo neoclásico de combinar formas puras.

Coetáneo de Villanueva fue Ignacio Haan , que destacó por sus obras en Toledo bajo el mecenazgo ilustrado del Cardenal Lorenzana; es autor del edificio de la Universidad  con un patio con columnas jónicas y estructura adintelada, un verdadero manifiesto del Neoclasicismo.

El País Vasco fue un foco admirable de la arquitectura clasicista. Justo Antonio de Olaguibel edificó la Plaza Nueva de Vitoria, con la que recoge una tradición española de plaza mayor porticada de austeros y uniformes elementos, modelo que tendrá después continuidad en Bilbao, con la Plaza del Príncipe, y en San Sebastián con la Plaza de la Constitución, levantada por Pedro Manuel de Ugartemendía.



Por los contactos con el exterior, a través de los textos teóricos que se han ido traduciendo y por los viajes de los arquitectos a Roma o París, hacia 1790 la arquitectura española vive un momento semejante al de otros países europeos. Isidro González Velázquez , discípulo de Villanueva, crea en la Casita del Labrador del Real Sitio de Aranjuez , con la colaboración en la decoración del Gabinete de Platino de los arquitectos de Napoleón, Percier y Fontaine, una obra que aúna la racionalidad, el gusto por la antigüedad y las modas francesas. Por el contrario, Silvestre Pérez, más en la línea de los arquitectos visionarios, basa toda su arquitectura en el empleo de volúmenes puros e independientes, como en la parroquia de Motrico o en la de Mugardos (La Coruña) (1804).


La escultura Neoclásica tuvo un desarrollo particular y menos visible que en otras artes. En ella pesó poderosamente la tradición imaginera, con obras en madera policromada, que había sido habitual en las costumbres devocionales de los españoles, por lo que apenas existía una escultura monumental que no estuviera ligada a las necesidades religiosas. Por ello los primeros indicios de cambio se encaminan hacia el barroco francés que traen los escultores cortesanos.

Desde la Academia, artistas como Francisco Gutiérrez  o Manuel Álvarez de la Peña  crearon una escultura en materiales nobles, que en muchos casos estuvo destinada al ornato urbano. Gutiérrez es autor de la Fuente de Cibeles  y colabora en la parte escultórica de la Puerta de Alcalá, ambas en Madrid.

                                                  FUENTE CIBELES
 Álvarez esculpió la Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones y Juan Pascual de Mena , un precusor de las nuevas tendencias, la Fuente de Neptuno, ambas en el Paseo del Prado de Madrid.
                                FUENTE DE APOLO O DE LAS CUATRO ESTACIONES




                                                 FUENTE DE NEPTUNO
Pero la imaginería no desapareció y los escultores, aprovechando las enseñanzas de la Academia, llegaron a hacer una escultura policromada de gran calidad. Un ejemplo es José Esteve , formado en la Academia de San Carlos de Valencia, que es autor de bellísimas imágenes como la Inmaculada de la catedral de Valencia. Con Esteve colaboró José Ginés  en la elaboración del Belén del Príncipe (Palacio Real Y Academia de San Fernando), un género aún habitual.

                                    INMACULADA DE LA CATEDRAL DE VALENCIA


Con Juan Adán , que se formó en la Academia de Zaragoza y estuvo pensionado en Roma, se produce el paso definitivo al Neoclasicismo. Nombrado  escultor de cámara, realiza los retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma (, Palacio Real), los cuales tienen la ampulosidad de los retratos de aparato pero con la severidad en los rostros de la estatuaria romana. Suya es la Venus de la Alameda de Osuna, una interpretación realmente fiel de los modelos romanos.

El cordobés José Álvarez Cubero  es un ejemplo del neoclasicismo español que, aunque había recibido una educación inicial en el barroco, luego compite en Roma por la clientela con Canova. Fue escultor de cámara de Fernando VII y su célebre grupo La defensa de Zaragoza es muy representativo de este neoclasicismo hispano que debe tanto a la estatuaria clásica como a la lección de Canova.

En Cataluña, las enseñanzas del clasicismo de la escuela de la Lonja de Barcelona, se manifiestan en el escultor Damián Campeny , cuya Lucrecia muerta ( Lonja de Barcelona) tiene toda la serenidad de la escultura clásica pero algunos atisbos de melancolía romántica. La escultura neoclásica tuvo un largo epílogo en la obra de Antonio Solá , autor de Venus y Cupido ( Museo de Arte de Cataluña) y de Daoiz y Velarde  Madrid, Plaza del 2 de Mayo), con un uso convencional del clasicismo para retratar a los héroes románticos.




Los monarcas Felipe V y Fernando VI habían llamado a pintores franceses e italianos, como Louis Michel van Loo, S. Amiconi y C. Giaquinto, que iniciaron la decoración del Palacio nuevo. Más tarde Giambattista Tiépolo, el gran fresquista veneciano, adornó tres de las bóvedas de la real morada con su pintura decorativa y colorista. Pero la regeneración de la pintura española se produjo con la venida a España en 1761, llamado por Carlos III, del artista bohemio Anton Rafael Mengs. Su llegada trastocó el orden hasta entonces existente porque sus orientaciones fueron seguidas fielmente por el Rey, que le concedió todos los honores imaginables, por lo que ejerció desde la Academia, como pintor y como teórico, una auténtica dictadura artística que influyó en la formación de los pintores españoles. Mengs realizó decoraciones para algunas de las bóvedas del Palacio, predominando en todas ellas un dibujo preciso y una falta de expresividad; en El triunfo de la Aurora o La Apoteosis de Adriano.



 la calculada simplicidad de composición recuerda El Parnaso que pintó en la villa Albani de Roma. Colaboró con él en el Palacio Real Mariano Salvador Maella , que también hizo decoraciones para los palacios de Aranjuez, El Pardo y El Escorial; su estilo distante y su colorido algo estridente no le impidieron hacer espléndidos retratos como el de Carlos III  con colores fríos y barnices acharolados.

Muchos pintores trabajaron como cartonistas para la Fábrica de Tapices que Mengs dirigía, como los hermanos Bayeu (Bayeu y Subias, Francisco y Bayeu y Subias, Ramón), José del Castillo o Francisco de Goya. Para los tapices Mengs prefirió los temas costumbristas o de cacería, muchas veces relacionados con la pintura holandesa, y alentó un costumbrismo de raíz castiza con escenas de género. José del Castillo destacó con sus primorosas escenas de caza, como las que adornan la pieza del Príncipe en el palacio de El Escorial. Los Bayeu cultivaron el fresco, sobre todo Francisco , que colaboró en la decoración de la basílica del Pilar de Zaragoza y en el oratorio del Real Palacio de Aranjuez ; Ramón, menos brillante, se especializó en los cartones para tapices que resolvió con una técnica suelta y precisa. También trabajó en la Fábrica de Tapices Francisco de Goya , yerno de Francisco Bayeu, pero su obra, por su amplitud y su variedad, desborda los estrechos límites del Neoclasicismo y merece un estudio más amplio.


Después de la Guerra de la Independencia emergen otros pintores más jóvenes que siguen el neoclasicismo ortodoxo, para luego pasar hacia estilos más eclécticos. Entre ellos destacan José Antonio Aparicio, José de Madrazo  y Juan Antonio de Ribera , que aprendieron en Roma el estilo internacional y miraron con admiración a David, pero que luego evolucionaron y ocuparon un puesto importante en el arte español.
 

 Sus obras muestran el perfecto conocimiento del mundo clásico, el equilibrio entre color y dibujo en sus composiciones, pero también una capacidad para adaptarse al arte burgués que impondrá el romanticismo. 
http://www.espanolsinfronteras.com/EAH07-EdadModernayelNeoclasicismo.htm