jueves, 10 de diciembre de 2015

RABINDRANATH TAGORE...GITÁNJALI




Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista indio, nacido en Calcuta . Su verdadero nombre era el de Rabindranath Thakur, pero ha pasado a la historia de la literatura universal por la forma inglesa de su apellido (Tagore). Autor de una profunda obra literaria que, inserta en todo momento en la más pura tradición del pensamiento filosófico-religioso hindú, constituye un voluntarioso intento de síntesis entre la cultura oriental y la occidental, una exaltación gozosa de la armonía cósmica y un canto de alabanza al hallazgo de lo absoluto (Dios) en la esencia de lo particular (el hombre y el universo), está considerado como el mayor escritor indio en lengua bengalí de todos los tiempos. En 1913, la Academia Sueca reconoció la inmensa valía de su obra publicada hasta entonces (y, muy especialmente, del libro de poemas titulado Gitánjali, aparecido en 1910) con la entrega del Premio Nobel de Literatura, galardón que venía a subrayar "la profundidad sensual, la frescura y la belleza de sus versos, merced a los cuales ha construido con probada destreza su pensamiento lírico, traduciendo a la lengua inglesa una amplia faceta de la literatura oriental".
Nacido en el seno de una familia aristocrática que pertenecía a la esfera superior de la sociedad de castas de la India (la de los brahamanes), desde su temprana niñez recibió una honda formación religiosa y espiritual dictada por su propio padre, un rico brahmánde Calcuta llamado Devendranath Tagore. En 1828, el filósofo indio Ram Mohan Royhabía fundado la secta religiosa hindú Brahmo-Samaj, cuyos objetivos fundamentales pasaban por promover el culto del Ser supremo, activar la lucha contra la idolatría hindú, difundir la práctica de una ética inspirada en el Evangelio de Jesús y, en general, arremeter contra aquellas prácticas y costumbres hindúes que se antojaban bárbaras a la mentalidad occidental (como, por ejemplo, condenar a las viudas a morir abrasadas en la misma pira en que eran incinerados los restos mortales de sus esposos). De esta voluntad renovadora de Ram Mohan Roy surgieron dos movimientos, uno de carácter literario (con sede en el Hindu College) y otro religioso (la ya nombrada secta Brahmo-Samaj), que contaba entre sus adeptos con Duarkanaz, el abuelo de Rabindranath Tagore, uno de los más fieles seguidores y colaboradores de Roy.
A la muerte del fundador, acaecida en 1833, fue un hijo de Duarkanaz, Devendranath Tagore, quien recogió la doctrina de esta secta y se propuso adaptarla en la medida de lo posible -y a pesar de las grandes diferencias que la separaban de la religión hindú- a la idiosincrasia de su pueblo, hasta que la dejó formulada en un puñado de normas elementales: la verdadera fe religiosa se basa en la intuición y la Naturaleza; los principios védicos no son infalibles; la rectitud moral es básica; y las ceremonias, peregrinaciones y jerarquización por castas no tienen valor religioso. El joven Rabindranath creció estudiando y asimilando estos preceptos, que al cabo de unos años habrían de dejar un poso indeleble en su pensamiento y en su obra (sobre todo, en aquellos pasajes en los que la contemplación extasiada de la Naturaleza revela, en cada manifestación de ésta, la inmanencia de Dios).
Devendranath Tagore, que gozaba entre sus paisanos de un alto predicamento comomaharshi ('gran sabio'), desplegó una intensa labor de apostolado que le llevó a realizar numerosos viajes por todos los rincones de la India, en un intento de extender su visión sintética de los valores orientales y occidentales, pero evitando al tiempo el acelerado proceso de conversiones al cristianismo que la dominación inglesa había desatado en el país asiático. Hombre de sensibilidad extrema, el padre del poeta acabaría adoptando, desde los rigurosos principios de tolerancia que regían su comportamiento, una actitud contemplativa inspirada por el panteísmo de una de sus lecturas predilectas: losUpanishads, o conjunto de los libros que conforman la última sección del Veda. Alejado de todos los bienes materiales y mundanos, los últimos años de su vida los pasó retirado en la soledad de las montañas, entregado plenamente a sus hondas meditaciones.
Pero, muchos años antes, había tenido tiempo de engendrar hasta catorce hijos en Sarada Devi, su también aristocrática esposa, con la que vivía lujosamente en un soberbio palacio de Calcuta (conocido como el Jorsanko), merced a las rentas que le producían sus extensas propiedades agrarias y sus florecientes negocios urbanos. El último de los catorce vástagos del matrimonio formado por Devendranath y Sarada fue Rabindranath, el futuro poeta, quien tuvo una infancia triste y solitaria debido a los continuos viajes apostólicos de su progenitor y a la escasa atención que le prestaba su madre, absorbida por el trabajo que le daba la crianza de sus hijos mayores. Rabindranath creció, pues, rodeado de criados que, en la simpleza de sus conocimientos, alimentaban también sus firmes creencias religiosas en la misma sencillez de esos Upanishads que, paradójicamente, inspiraban al maharshiDevendranath. Siguiendo las torpes enseñanzas de estos servidores -e inmerso en la monótona soledad de su palacio-, el joven Rabindranath fue forjando así su dimensión religiosa, pero también comenzó a experimentar la necesidad imperiosa de escribir poesía; de ahí que, a la precoz edad de doce años, culminara su primer poema conocido, titulado "Flores silvestres".
Pero esta dedicación al cultivo de las Letras no bastaba para colmar sus deseos de sabiduría, por lo que, ya adolescente, comenzó a importunar a su padre con el ruego insistente de que le llevase consigo en alguno de sus viajes. Al cabo de un tiempo, Devendranath se avino a la recurrente petición de su hijo, y juntos emprendieron un largo viaje de cuatro meses de duración que les condujo, primero, hasta Bolpur, para obligarles luego a remontar los Himalayas. Para el joven Rabindranath, que había vivido prácticamente arrinconado en el palacio de Jorsanko, aquella honda y constante comunicación con su padre supuso una brusca apertura a las fuentes espirituales y culturales que surtían el pensamiento de un sabio como Devendranath: por un lado, pudo volver a escuchar largos pasajes de los Upanishads, pero ahora recitados de memoria e interpretados por la lucidez de su padre; por otra parte, durante los cuatro meses que duró el viaje recibió de su propio progenitor, día a día, unas rigurosas lecciones de inglés y sánscrito, ya que Devendranath albergaba la esperanza de que su hijo menor se dotara de un sólido bagaje cultural que, en pocos años, le permitiera marchar a Inglaterra para obtener allí un título universitario.
Consagrado, en fin, a pesar de su todavía relativa juventud, como una de las figuras más destacadas del panorama político, intelectual y artístico de la India en la transición de un siglo a otro, Tagore comprendió que, pese a ello, era imposible difundir sus propuestas de sincretismo entre Oriente y Occidente en un clima en el que sólo se prestaba oídos a las consignas más extremistas. Así pues, defraudado en sus expectativas socio-políticas, decidió retirarse de la vida pública y concentrarse en sus actividades creativas: hacia 1901 -cuando contaba cuarenta años de edad- fundó en la ciudad de Santiniketan (cerca de Bolpur, y a unos cien kilómetros de su Calcuta natal) una escuela artística en la que, dando prioridad a los estudios de música, literatura y artes plásticas, comenzó a poner en práctica sus ideas pedagógicas, basadas en la educación de los príncipes y señores indios de la antigüedad. Dispuso, así, que los alumnos vivieran en permanente contacto con la Naturaleza, y dotados siempre de una extrema libertad para asistir a las diferentes lecciones que se impartían al aire libre, en amistosa conversación entre los maestros y los educandos.
En realidad, la primera intención de Tagore fue retirarse a un lugar apartado donde, en relación constante con un paisaje solitario y emotivo como el de Bolpur, pudiera educar libremente a sus hijos sin que éstos tuvieran que sufrir los traumas que él había padecido en las rancias escuelas de Calcuta. Pero, una vez establecido en Santiniketan, comenzó a pensar en una escuela revolucionaria que, bajo el lema de la aceptación del amor universal, pudiese congregar a alumnos de todos los grupos sociales, entre los cuales trataría de difundir un espíritu de tolerancia fraternal que favorecería no sólo el desarrollo espiritual e intelectual de los muchachos, sino también su futura convivencia social. Surgió, así, uno de los más bellos legados que Tagore dejó a sus compatriotas, la escuela denominada "La Voz Universal", para cuya fundación fue necesario que el poeta vendiera casi todas su propiedades y su esposa se desprendiera de sus joyas.
Durante muchos años, esta famosa institución de Santiniketan forjó los conocimientos, la espiritualidad y la sensibilidad artística de numerosos jóvenes de la India, prolongando así el legado intelectual y religioso de Tagore entre una legión de creadores que pudieron considerarse -en mayor o menor grado- discípulos suyos. Entre los privilegiados muchachos que pudieron asistir a esta escuela figuró, a mediados del siglo XX, el futuro cineasta de Calcuta Satyajit Ray, considerado por buena parte de la crítica como uno de los mejores realizadores del Tercer Mundo, quien en 1961, con motivo del centenario del nacimiento de Tagore, rodó el célebre documental que, titulado con el nombre y apellido del poeta, difundió su biografía por todo el mundo. Aquel mismo año, Satyajit Ray estrenó el largometraje titulado Teen Kanya, basado en una adaptación de tres relatos del escritor, quien también inspiró otras películas de Ray como Charulata (1964) -una reconstrucción nostálgica del renacimiento bengalí de finales del siglo XIX, que centra su atención en las posibilidades de emancipación de que dispone la mujer india- y El mundo de Bimala (1984) -una adaptación de la novela del escritor de Calcuta titulada La casa y el mundo (1915-1916).
En líneas generales, toda la producción literaria de Rabindranath Tagore está impregnada de un profundo pensamiento filosófico-religioso que, manifiesto mejor que en cualquier otro texto en la vocación didáctica de sus lecciones recogidas en Sadhana, hunde sus raíces en ese panteísmo místico presente en todos los textos sagrados que reflejan las transformaciones sociales y religiosas provocadas por el nacimiento delhinduismo (es decir, en aquellos Upanishads que tanto consuelo traían a Devendranath Tagore en sus meditaciones). Sin embargo, su gran aportación a la espiritualidad hindú del siglo XX radica en la apertura de esta concepción panteísta del universo a las corrientes filosóficas y religiosas que, en el marco de otras tradiciones culturales, progresan también por senderos similares, contemplando la huella de la divinidad en esa armonía cósmica que se refleja en las leyes de la Naturaleza. La obra literaria del escritor de Calcuta (y, muy singularmente, su poesía, sobre todo la compuesta en plena madurez y recogida en los poemarios Gitánjali y El jardinero) se convierte así en un canto de alabanza que, a través de la vía escondida de la intuición, parte de la contemplación de la Naturaleza para intentar reflejar, por medio de una sutil musicalidad, esa armonía cósmica que anuncia el feliz reencuentro entre lo particular (el ser humano) y lo absoluto (la divinidad)


Fue la obra que le impulsó definitivamente al reconocimiento mundial del Premio Nobel de Literatura en 1913, lo que le convirtió en el primer poeta no europeo en recibir este galardón y cien años después, continúa siendo un referente de la poesía oriental. Su autor la gestó seleccionando 103 poemas representativos de nueve obras distintas y los reunió bajo el título de una palabra compuesta, Git-ánjali, Git-canción o poema- y ánjali -ofrenda-.
 La esposa de Juan Ramón Jiménez trasladó al castellano Gitánjali tomando como fuente la versión inglesa que hiciera el propio Tagore. En inglés, el libro está escrito en prosa por lo que las traducciones respetan esta estructura.
"Gitánjali tuvo el mérito en su día de abrir los ojos a Europa y enseñarle que en la India no solo había hambrunas y miseria, tigres de Bengala, el río Ganges, el Himalaya y el Everest, sino también la lírica exquisita del Gitánjali y de un conjunto de literaturas riquísimas", explica Díaz Gárriz. Gracias a esta presentación, el libro sitúa la creación poética de Tagore en un contexto histórico, social y recobra la figura de gran ingenio y creador volcado en una espiritualidad universal.
Hasta ahora las versiones en castellano se han hecho a partir del Gitánjali inglés. La nuestra, en cambio, traduce el original bengalí.
No he  pretendido «hacer poesía» castellana. Pero he querido que el lector español tenga siempre presente que, así como Gitánjali en inglés está escrito en prosa y las traducciones castellanas han sido realizadas naturalmente en prosa, sin embargo el original bengalí es poesía pura, con cadencias musicales y rimas muy bellas. Hago constar y agradezco de todo corazón la generosa y sabia colaboración de Shrimati Anila Dalal, profesora de Literatura Bengalí en la Universidad Vidhyapith de Ahmedabad. La profesora Anila es no solamente experta en bengalí sino también en la obra de Tagore. Tiene en su haber una preciosa edición bilingüe de Gitánjali, con el original bengalí en un lado y la traducción gujarati en el otro, realizada por uno de los mejores poetas gujaratis del siglo XX, el profesor Nagindas Parekh. La profesora Anila nos ha acompañado línea a línea en la lectura y comprensión del original bengalí prestándonos a cada paso su vasto y profundo saber tagoriano.


La bella y puntual traducción del inglés al castellano del discurso de Rabindranath Tagore en Estocolmo es obra de Lucila Alcorta.

Tú me has hecho inmortal
Así ha sido de tu agrado.
Este vaso mío lo vacías y lo llenas
con vida siempre nueva.
Esta flauta pequeñita
la has llevado por riberas y colinas
y has tocado con ella
un sinfín de melodías.
Al contacto de ambrosía de tus manos,
mi corazón explota de inmensa alegría
y alumbra un torrente de poesía.
Día y noche vas llenando
la palma de mi mano con tus dádivas.
Van y vuelven los siglos
y Tú continúas dando y dando
y siempre hay espacio para más.


Me invitaste al festival de este mundo
y mi vida ha sido realmente dichosa.
Mis ojos han admirado la belleza de tu creación.
Mis oídos han escuchado
las melodías del universo.
Me diste una tarea en la fiesta:
tocar mi flauta haciéndola sonar
en las alegrías y en las tristezas
de los hombres.
Y ahora… yo te pregunto, Señor:
¿ha llegado por fin el momento
de entrar en tu mansión,
ver tu rostro y ofrecerte
mi salutación silenciosa?


Día tras día, Señor de mi vida,
me presento a ti.
Con mis manos juntas,
Señor del universo entero,
me presento a ti.
Bajo el firmamento inmenso,
en soledad y silencio,
con corazón humilde
y lágrimas en los ojos
me presento a ti.
En medio de las tareas
de este mundo variopinto,
en las orillas de este océano
siempre en movimiento,
entre las muchedumbres
perpetuamente presurosas,
me presento a ti.
Y cuando haya terminado
mi trabajo en este mundo,
oh, Rey de Reyes,
solo y sin palabras,
me presentaré a ti.


Que mi cuerpo entero
se prosterne a tus pies
en este mundo mortal
para venerarte a ti, Señor.
Al igual que las nubes de julio,
preñadas de lluvia,
caen rendidas por su peso de agua
así mi mente y espíritu
se inclinen por completo
ante tus divinas puertas
para venerarte a ti, Señor.
Que todos mis poemas y cantares, Señor,
engarcen en una sus diversas melodías
y confluyan en el océano del silencio
para venerarte a ti, Señor.
Como los ánades salvajes
vuelan sin descanso día y noche,
peregrinos al Lago Sagrado
en medio de las montañas,
así mi vida entera alce el vuelo
a la mansión eterna
para venerarte a ti, Señor.




Cuando me marche de este mundo,
que mis últimas palabras sean:
¡Todo lo visto ha sido insuperable!
He gustado la miel oculta
de esta flor de loto abierta
en un océano de luz
y con ello he sido dichoso.
¡Que estas sean mis últimas palabras!
En este teatro del mundo
de innumerables formas ,
he interpretado mi papel
y, al hacerlo, he podido entrever
a Aquel que es sin-forma 

Mi cuerpo y mis miembros todos
se han extasiado con el contacto
de Aquel que es impalpable.
Y si el fin me llega ahora, ¡sea bienvenido!
¡Que estas sean mis últimas palabras!  




                                      Había salido yo a mendigar
de puerta en puerta en la aldea.
De pronto apareció a lo lejos
tu carroza de oro
hermosa como un sueño radiante.
Y pensé: «¿Quién será este gran rey?
–Mis expectativas se desbocaron–.
No tendré que mendigar más
de puerta en puerta…».
Esperaba de ti dádivas sin cuento,
una fortuna desparramada
en el polvo del camino.
Tu carroza se paró junto a mí,
tus ojos me miraron
y bajaste con una sonrisa.
Al ver tu rostro feliz,
creí que mis desdichas
habían llegado a su fin.
Entonces, de repente,
alargaste la mano y me dijiste:
–¿Qué tienes para darme?
–¡Oh, qué humor el tuyo, mi rey!
¡Pedirle a un mendigo!
Confuso, no sabía qué hacer
hasta que, de mi bolsa, muy despacio,
saqué un grano de trigo, pequeñito,
y se lo di.
¡Qué sorpresa la mía al anochecer
cuando vacié mi bolsa en el suelo
y encontré un granito de oro en el montón!
El gran rey me había devuelto
mi dádiva convertida en oro.
Lloré amargamente…
¡Si te hubiera dado yo todas mis posesiones!

http://www.fronterad.com/?q=nube-habitada-gitanjali-rabindranath-tagore
http://www.enciclonet.com/articulo/tagore-rabindranath/#
http://www.periodistadigital.com/religion/libros/2014/02/07/mensajero-publica-gitanjali-la-obra-cumbre-de-tagore-religion-iglesia-libros.shtml


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