miércoles, 2 de diciembre de 2015

LA ESCLAVITUD EN LA ROMA ANTIGUA Y SU ALQUILER EN EL MUNDO ANTIGÜO Y MODERNO


“…los esclavos, sin pertenecer a la población cívica, eran el grupo social con las condiciones de vida más terribles” (Centeno, 1997:91)
Ciertamente, el esclavo era considerado como una “res” (cosa) sujeto a la “domenica potestas”, es decir, “el amo ejerce sobre él todos los poderes” (Fredoville,). Una de las principales fuentes de esclavos fueron los prisioneros de guerra, J.C. Fredouille nos dice, y a modo de ejemplo, que “César trajo un millón de esclavos de la Galia”.
A parte de los prisioneros de guerra, se era también esclavo por el comercio de los mismos, siendo esta forma de esclavitud considerada “inhonestum” segun Plauto”(Centeno); por el nacimiento o por la reproducción natural de los esclavo,“Varrão aconsejaba la autorización de matrimonio de esclavos” (Centeno), no obstante, se admitía lo que se denominaba el “contubernium”, unión sin reconocimiento legal entre dos personas con la condición de esclavos.
Otra de las fuentes que menciona Fredoville es la exposición “expositio”, según la cual en el acto del nacimiento el pater familia podía exponer al recién nacido, este acto determinaba el destino de la criatura” (P. Grima), “ causas de esclavitud de menor importancia sería la que era por deudas y la reducción voluntaria a la esclavitud” (Centeno), estas dos últimas son las que Fredouille denomina “por disminución de personalidad”, lo que en Derecho Romano se llamaba la “capitis diminutio máxima”, que conllevaba la incapacidad de derechos absoluta de la persona.
En este punto, debemos resaltar que al “igual que un hombre libre podía pasar a la situación de esclavo, también era posible el paso de esclavo a hombre libre, esto es, la esclavitud no siempre fue una situación definitiva.”(Centeno).
La situación de la esclavitud se irá modificando “al final de la República, por influencia del estoicismo, se verificó una tendencia para limitar la patria potestas y para reconocer al esclavo una cierta capacidad jurídica.” (Fredouille), y sobre todo durante la época imperial, “…en el alto imperio por la disminución de estos debido a la baja natalidad, al clima de paz y a la liberación de esclavos…se difunde la idea de que el esclavo es un hombre…en el bajo imperio, por influencias de las corrientes filosófico igualitarias y por el cristianismo.” (Centeno).
Conviene decir que “En los últimos tempos de la época republicana, el movimiento de liberación de esclavos alcanzó grandes proporciones, llegando el propio Estado a conceder manumisiones como forma de recompensa” (Centeno).
Tipos de esclavitud en la Roma Antigua

La imagen superior representa una escena de circo con gladiadores, (mosaico del s. III d.C., perteneciente al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, España, realizado en mármol y calcáreo) (Freijeiro), observamos la lucha de dos esclavos que bien podrían haber llegado a tal condición por alguna de las diferentes maneras anteriormente descritas, pero que por el análisis de las inscripciones en el mosaico, estas nos rebelan su origen.
Los nombres de “Astyanax” y “Kalendio” nos hacen creer que estos dos esclavos lo fueron por la principal fuente de esclavitud de la Roma Antigua: prisioneros de guerra, si bien que, también podrían haber llegado a tal situación por “capitis diminutio máxima” o “por la reducción voluntaria a la esclavitud, posible cuando un hombre libre decidía hacerse gladiador…” (Centeno), o por la “expositio”, (La criatura a la que su padre no levantaba, se vería expuesto ante la puerta del domicilio o en algún basurero público y lo podía recoger quién lo deseara. (Duby) de la cual se aprovechaban muchos “lanistae” que acudían a la “Columna Lactaria” situada delante del “Templo de Pietas”, en el “Forum Holitorio” donde eran expuestos los recién nacidos abandonados y que casi siempre terminaban, los que no morían, en la esclavitud o en la prostitución.
El mosaico se encuentra divido en dos mitades, la inferior representa los primeros momentos del combate, donde Astyanax (el “secutor”) se defiende del ataque de Kalendio (el “retiarius”), en la imagen superior observamos a Kalendio en el suelo, solicitando la sumisión. Así mismo, observamos también a los dos “lanistae” (entrenadores de gladiadores, según A. Blanco Freijeiro), pensamos, siguiendo a Michael. J. Carter, que se tratan de dos “summa rudis” y del “secunda rudis”, lo que hoy podríamos llamar árbitro principal y árbitro secundario, respectivamente.
Había una regla por la cual un gladiador derrotado podía solicitar la sumisión, y si esta era aprobada por el “editor numeris” el que organizaba y pagaba el espectáculo) el luchador podía salir de la arena sin más daños
…aunque esta situación, no se dio con el gladiador Kalendio ya que en el mosaico, y en ambas mitades, aparece el símbolo Æ o “theta nigrum” que era la abreviatura de “obiit” (morte) (Freijeiro).

El alquiler de esclavos fue una institución que tuvo considerable desarrollo tanto en la antigüedad como en el mundo moderno, implicando un sistema transicional entre modos de producción, al ser forma intermedia entre la esclavitud y otras formas de trabajo, estando signada su aplicación en el mundo antiguo al afán de lucro y la necesidad de aumentar la productividad del trabajo del esclavo.
En el mundo moderno no habría sido diferente su aplicación, debiendo expandirse con la decadencia de la misma esclavitud. Posteriormente a la conquista de América, las costumbres diferenciaron el trato a los esclavos en las colonias españolas y portuguesas de las colonias inglesas, siendo en las primeras más humano que en las segundas.
En la Península Ibérica el negro encontró un marco legal/moral respecto a la esclavitud, debido a la experiencia aportada por la reconquista cristiana frente al Islam. La tradición esclavista derivada del Código de Justiniano encontraría continuación en las VII Partidas de Alfonso el Sabio; siendo transferida a América tal legislación.
Debido a la influencia cristiana las leyes favorecían la manumisión, alentando al amo a liberar a sus esclavos, y a éstos a tratar de liberarse a través de medios legales. Paulatinamente, la relación amo-esclavo derivará en un contrato donde primaba la suma de dinero con que debía obtenerse la redención.
Esclavos alquilados o jornalizados en procura de liberación

En las sociedades americanas donde era favorecida la manumisión, también se desarrollaron posibilidades de escape:
“Con frecuencia se alentaba a los esclavos a buscar trabajo en otras partes, con el fin de pasar a sus amos una parte fija de los salarios y guardarse para sí el resto. Quienes se vieron principalmente beneficiados con esta práctica fueron los artesanos diestros, albañiles, carpinteros, herreros, carreteros, sastres y músicos.”  el esclavo percibía un salario para sí mismo, después de haberle pagado al amo la parte que a éste le correspondía.”
Frank Tannenbaum, “El negro en las Américas”
María Chiquinquirá, esclava del presbítero Alfonso Cepeda, en Guayaquil, Virreinato de Nueva Granada, se casa con José Espinoza, pardo libre con oficio de sastre. María dejó de servir a su amo, dedicándose a trabajar por su cuenta, al establecerse una relación de reciprocidad por la cual el presbítero recibía el trabajo gratuito del sastre. En 1795, María entabló una demanda de libertad contra su amo, aduciendo que ambos habían convertido el vínculo a un valor económico:
“El trabajo gratuito de su esposo había pagado superabundantemente su precio, y en el amo su derecho a recuperar el trabajo de la esclava y su hija, exigiendo además el dinero por el alquiler de los cuartos que ocupara la familia en su casa”.
En Buenos Aires y otras ciudades del Virreinato del Río de la Plata, era común que los amos obligaran a sus esclavos a contribuir con un jornal pagado en moneda, que los conducía a alquilar su fuerza de trabajo o a producir mercaderías para el mercado colonial.
“Presentase en nuestro puerto una fragata con trescientos o cuatrocientos negros, los que desova en nuestra playa. A la noticia ocurren diferentes personas, que queriendo llevar una vida ociosa vienen a buscar quien trabaje para ellos. Para esto emplea cada uno mil o dos mil pesos en estos fardos racionales, y  a los pocos días obligarán a sus nuevos esclavos, a que anden vagando por estas calles a fin de adquirir un jornal de 4 ó 5 reales diarios.”
El Telégrafo Mercantil, Buenos Aires
En la ciudad de Córdoba, actual Argentina, no aparecen claramente anotados los esclavos alquilados, como si fuera algo propenso a ser ocultado, o minimizado en una sociedad tradicionalmente jerárquica y estratificada como esa. Las anotaciones en los conventos evidenciaban que luego de la venta de esclavos, los jornales eran el segundo ingreso que poseían, aunque sin debidas aclaraciones del tipo de trabajo ni de quien lo desempeñaba. Además, las cifras de jornales consignadas estarían adulteradas, o serían indicativas de la existencia de esclavos jornalizados, representando montos más bajos de lo probable.
Esclavos alquilados o jornalizados en procura de liberación

Aparecen menciones sobre jornales debidos por esclavos, donde se percibe el deseo de ganancia que desarrollaban los amos; nuevas libertades alcanzadas por los esclavos (contratarse y comerciar, trasladarse, pernoctar fuera de la casa del amo); suponiendo la aparición de competencia entre esclavos por los puestos de trabajo; acrecentamiento de oferta de mano de obra en el mercado; posibilidad de cambiar de amo; así como acumulación de un capital propio, para liberarse, como para liberar a congéneres.
Esclavos alquilados o jornalizados en procura de liberación

Bastante diferente y opuesta fue la situación del esclavo en las colonias inglesas, donde su manumisión tenía innumerables obstáculos legales, siendo desalentada de muchas maneras. El ser negro, implicaba la identificación con el status de esclavo, y ninguno era considerado libre, salvo que demostrara lo contrario. En los EE.UU. el alquiler de esclavos no fue rasgo intrascendente de la esclavitud, alcanzando 31 % de los trabajadores urbanos esclavos en 1860.
“…solicité del amo Hugh el privilegio de alquilar mi tiempome otorgó el privilegio, proponiendo las condiciones siguientes: se me concedía todo el tiempo, establecería todos los acuerdos con las personas para las que trabajase y me buscaría yo mismo trabajo; y a cambio de esta libertad, tenía que pagarle tres dólares al final de cada semana, proveerme yo mismo las herramientas de calafatear y mantenerme y vestirme. La pensión eran dos dólares y medio por semana. Con esto y el desgaste y las roturas de la ropa y de las herramientas de calafatear, mis gastos regulares ascendían a unos seis dólares por semana. Estaba obligado a reunir esa cantidad porque si no perdía el privilegio de alquilar mi tiempo  Este acuerdo era  claramente favorable a mi amo.  Recibía todos los beneficios de la esclavitud sin sus males; yo en cambio soportaba todos los males del esclavo y padecía todos los desvelos y angustias del hombre libre.”
Frederick Douglass (Baltimore, 1838)

http://revistadehistoria.es/tipos-de-esclavitud-en-la-roma-antigua/
http://revistadehistoria.es/esclavos-alquilados-o-jornalizados-en-procura-de-liberacion/

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