viernes, 9 de enero de 2015

JUAN DE LA CIERVA...EL HOMBRE OBSESIONADO CON SER PÁJARO

En 1928, el inventor español sobrevoló el Canal de la Mancha por primera vez con su autogiro, el aparato que fue una «obsesión constante» para él desde los 16 años 

 Un modelo del autogiro de Juan de la Cierva sobrevolando Valencia a finales de la década de los 20

Un modelo del autogiro de Juan de la Cierva sobrevolando Valencia a finales de la década de los 20

Es probable que el inventor e ingeniero aeronáutico español no hubiera analizado en profundidad los riesgos que para su vida representaba aquella aventura. Estaba tan obsesionado con aquel autogiro, que el mismo había inventado siendo apenas un adolescente, que puede que aquello le nublara el juicio. «Durante años no he hecho otra cosa que trabajar en él para convertir en algo práctico aquel aparato en que comencé mis experimentos en 1920», comentaba a su regreso a España después de que, el 18 de septiembre de 1928, consiguiera atravesar el Canal de la Mancha por primera vez con su ingenio.



Uno de sus primeros prototipos de autogiro (1922)
No pareció importarle que algunos otros pilotos mucho más experimentados (o más valientes, o más locos) hubieran sufrido importantes accidentes probando sus modelos. Y es que su primer vuelo había sido el 2 de agosto de ese mismo año. La proeza del Canal de la Mancha era tan solo su segundo intento.
Tuvo que ser emocionante para De la Cierva pensar que sólo 19 años antes el Canal había sido cruzado por Louis Bleirot y que, en 1903, cuando él tenía ocho años, el hombre había volado por primera vez en la historia. Aquellas hazañas imprimieron en la mente del pequeño Juan un deseo incombustible de conocer todo lo relacionado con el mundo de la aviación, hasta el punto de que con tan sólo 16 años, en 1912, con la ayuda de dos amigos, consiguió construir su primer avión y lo hizo volar. Lo llamaron «El cangrejo»
.
La idea del autogiro le surgió después de que algunos de sus pilotos sufrieran heridas con sus primeros modelos de avión. De la Cierva pensó que debía investigar un tipo de aparato que se mantuviese en el aire, incluso cuando llevase poca velocidad, ya que la mayoría de los accidentes se producían en la toma de contacto con el suelo, de unos aparatos que requerían ir demasiado deprisa para sostenerse.


Juan de la Cierva sobrevolando Madrid (1934)

Era tal su deseo enfermizo de hacer volar su autogiro, que probó más de 20 modelos antes. Hizo astillas unos cuantos de ellos, pero aquello no le desalentó. Su sueño se hizo realidad el 17 de enero de 1923, con el prototipo C-4. El vuelo, llevado a cabo por un piloto militar, consistió en un «salto» vertical de 183 metros.
Sus siguientes modelos alternaron éxitos y fracasos hasta que se lanzó sobre el Canal de la Mancha. Él nunca quiso darle demasiada importancia a aquella proeza, pero fue ampliamente exaltada por la prensa internacional, haciendo crecer el prestigio del inventor en todo el planeta. «Este viaje, más que por el halago personal que puede representar para mí, por el entusiasmo insuperable, me llena de contento porque veo compensados con éxito los desvelos y los trabajos de una parte de mi vida», aseguró.


Descenso en vertical

«A las dieciséis y dieciséis apareció en el horizonte el aparato . Se veía girar su hélice con precisión. El autogiro dio una gran vuelta por encima del aeródromo, pasando a gran velocidad. Después subió un poco y, a 150 metros de altura, paró el motor. Entonces el aparato comenzó a descender verticalmente, deteniéndose unos momentos en el descenso para reemprenderlo instantes después. Y suavemente, sin ningún incidente, el autogiro se posó en tierra».
Un prototipo de autogiro sobrevolando Nueva York (1930)


De la Cierva había salido por la mañana de Southampton, hasta el aeródromo londinense de Croydon, volando con el director de «LŽAeronautique», Henri Bouché. Y como el autogiro no llevaba radio, fue escoltado además por un aparato del servicio regular París-Londres. Su idea era precisamente realizar el vuelo con su «helicóptero» de la misma forma que lo realizaban estos aviones comerciales.
Aterrizó, tras cruzar el Canal, y con algunas paradas en territorio francés, en el aeropuerto de Le Bourget, en París, donde le esperaban multitud de periodistas y fotógrafos. El aviador Cobos, que había escoltado al autogiro, declaró que «estaba maravillado de la velocidad insospechada del aparato, que había atravesado el Canal en 20 minutos».
De la Cierva añadió: «El piloto del avión comercial me preguntó cuánto tiempo me daba de ventaja. Le dije que saliera sin esperar nada, y así lo hizo. Le dejé salir y, cuando volaba yo, di la máxima velocidad que puede alcanzar, 170 kilómetros. Y no solo alcancé al “Goliath”, sino que lo adelanté, y aún tuve que acortar la marcha para esperarle».
 http://www.abc.es/20120917/archivo/abci-juan-delacierva-canal-mancha-201209171959.html

 

 

 




No hay comentarios:

Publicar un comentario